La sensación de estar en el fondo, no ya de tocar fondo, sino de estar allí abajo… grrrr… se me eriza la piel al sentirme ahí, en ese lugar. Aun, cuando la vida me enseño que mis problemas no suelen ser los peores problemas, que hay personas que están peor… pero eso no es consuelo, de hecho, me parece de las cosas mas egoístas que siento. Esa fría comparación que, en definitiva, ni me saca del fondo, ni me conforta, ni nada.
Me obligo a cerrar la boca, en realidad, contengo a mis dedos para no escribir una grosería por mas ganas que tenga, porque siempre termino en la estación de subte. Hoy llegue y mi tarjeta no paso, no hay fondos. Ni para el subte. Cuando logro, a cuenta gotas, juntar lo del pasaje le pido a un chico si no pasa su tarjeta y le abono el viaje y a la vez que me decía “Si, amigo” me daba su SUBE y yo los 1500 $. Gracias, gracias le digo y bajo la escalera mecánica hacia el coche que espera en el andén.
Así, todo el viaje hasta mi trabajo me vi inmerso en un pesimista pensamiento de encontrarme en el fondo. No de haber tocado fondo. Ahí, en la oscuridad de una profundidad fría y solitaria. Con ideas muy buenas, con proyectos muy bonitos, pero ni un paso de ejecución. Desorientado. Ahí, paradójicamente, en el fondo del ultimo vagón de esa formación.
Entre mis manos un libro que me viene costando leer pero me obligo. Es un texto corto. Spe salvi (Salvados en esperanza) la segunda encíclica del Papa Benedicto XVI. La encíclica sostiene que el ser humano necesita esperanza para vivir. Sin una esperanza verdadera, la vida pierde sentido. El Papa explica que muchas ideologías modernas prometieron construir un mundo perfecto únicamente mediante la política, la ciencia o la economía, pero fracasaron porque olvidaron la dimensión espiritual y moral del ser humano. El progreso técnico puede mejorar condiciones materiales, pero no salvar al hombre del sufrimiento, del mal o de la muerte.
Así, en el fondo busco lo ultimo que no debe perder el hombre que es la esperanza, según el dicho. Ahí, en el fondo busco salvarme, aunque sea visualizar que eso sea posible. Acá en el fondo pienso que no puedo quedarme mucho más.
