Parado frente al espejo, me refleja de cuerpo completo [de fondo I´m Too Sexy], me muevo como los dioses. Hago pasos de baile ridículos, pero, aclaro, que me quedan hermosos. Me divierto conmigo mismo. Bailo y tarareo la canción. Hago pasos estúpidos, la toalla entre las piernas de adelante hacia atrás y doy rebencazos al aire con mi mano, como si domara alguna loca mujer.
Soy hermoso, también patético. Hago eso mientras me seco de la reciente ducha. Necesitaría otro baño para enfriar ese golpe hormonal que esa canción me trajo. Hago caras a ese yo reflejado que me imita. Le guiño el ojo, me guiña. Le sonrió, me sonríe. Le hablo, le digo “pero que bueno estas” y el hace la mímica.
Me voy vistiendo de apoco. Soy sexy, muy sexy. Se me ríen los fantasmas de mujeres que rodean mi baño. Escucho sus murmuros, patético. Me peino, como artista frente a un lienzo en blanco intento mil peinados que se borran entre mis dedos. Soy sexy, muy sexy.
Si pudieran los otros ser como yo de hermoso. ¡Qué arrogante!, no importa, soy precioso. Sexy. Me como el mundo. Me perfumo el cuerpo, lavo mis dientes usando el cepillo como micrófono para expeler de mi boca silabas en ingles que nunca llegan a parecer tal cosa.
[El tema se acaba] salgo del baño y el mundo me ahoga, no soy nada de lo que dentro de esas cuatro paredes parecía. Soy feo, bailo mal, huelo mal, me peino mal, me visto mal. Pero ya tendré una próxima oportunidad, una vez que me duche, de ser yo un sex-simbol, el hombre más sexy del mundo.
