Revista Literatura

Cruce de miradas

Publicado el 08 septiembre 2011 por Chirri

El cruce de miradas me estaba matando, sobretodo porque había que seguir con el jueguecito de apartar la mirada cuando tehan descubierto, pero era inevitable, no podía dejar de hacerlo, en mi caso eramás fácil, o eso creo, interponía en la trayectoria de nuestras miradas, ellibro del que maldita sea la gana, apenas me iba enterando del contenido, hacíaequis números de páginas que había perdido el hilo de la trama, era incapaz aveces de recordar siquiera el titulo de esta cosa de papel que tenía en lasmanos, lo cual me parecía un sacrilegio. Ella disimulaba mejor, interponía entrenuestras miradas el cuidado y la vigilancia de su hijo, mudándose de tumbona enla piscina, para tener enfilados de un mismo vistazo a los dos.La oportunidad la pinté calva, no podía creermi buena suerte, al entrar en el comedor contemplé alborozado como su hijovestía los mismos colores del equipo de mi corazón, ¿Casualidad, el destino?por lo que en la siguiente colación, bajé vestido con la misma camiseta que él,la excusa perfecta para acercarme y saludar.-   -   Cómetelo todo chaval, los del Atleti, nos lo comemos todo para estarfuertes y sanos. ¿Cómo te llamas?-   -         Iker-   -         Bueno, no es que tengas un nombre muy atlético.La luz que me trajo su sonrisa, compensó miesfuerzo, me mordí la lengua para no decir allí mismo que el nombre de su hijome traía al fresco, lo que yo necesitaba saber era el suyo, para poder llamarlaen sueños, pero no, me quedé como un pasmarote mirándola y como no supecontinuar con la conversación, cogí mi bandeja y me puse en la cola del buffetpata servirme, maldiciendo por dentro el no haber nacido con algo más dedeterminación y valor para entrar o por lo menos intentar, introducirme en suvida.¿Quién es ella? ¿Por qué se encuentra sola aquí?En este hotel repleto de matrimonios con hijos o de parejas mayores, elladestaca en su soledad, aunque nunca está del todo sola, es una solícita madresiempre pendiente a los antojos de un chiquillo, que como todos los de su edad,corretea sin descanso de aquí para allá, muchas veces, el cruce de nuestrasmiradas, tiene un punto de encuentro, observando los dos, los juegos ruidososdel chiquillo, como siempre, un parpadeo mutuo tras algo de rubor y el eternojuego de apartar las miradas.Su piel canela me llama la atención, seguroque lleva aquí más tiempo que nosotros, pero el color de su piel apenas hacambiado, a pesar de sus largas exposiciones al sol, muestra un leve tostadoenloquecedor, más de una estrella del firmamento cinematográfico envidiaríaposeer ese tono, es el objetivo final de mis miradas, aunque a veces la observesu rostro, este no es realmente bello, con una nariz angulosa que le desfigurael perfil, sólo salvado por unos bellos labios que esconden unos cuidadosdientes blancos.Después de la fiesta de anoche, donde estuveadmirando como bailaba con su hijo, vestida con un precioso vestido blanco, conunas sandalias tipo romano tan de moda ahora, su movimiento abrazada a su hijome hizo sentir envidia del pobre chaval, pero con gusto me hubiera cambiado porél y sentir sus brazos alrededor de mi cuello. Todo eso terminó, esta mañana después deldesayuno, la vi marchar cargando con las maletas, camino de recepción, sabía loque significaba, el adiós, una última mirada entre ambos y nuestros caminos sesepararon para siempre.
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