- ¿Se puede?
- Y qué remedio, pasa Guillén.
- Buenos días señor inspector y enhorabuena por aprobar el acceso a la Universidad.
- Se agradece, Guillén.
- La verdad es que me he orientado hasta su despacho siguiendo el ruido del champagne al ser descorchado y del olorcillo de los percebes que tan donosamente ha repartido usted para celebrarlo.
- Ya sabes por donde me paso tu ironía ¿Verdad Guillén?
- Si señor inspector, por cierto ¿Suprimo ya la vigilancia de los examinadores de la universidad? Como ya sabe, tenemos un buen expediente de ellos, con pelos y señales desde que les destetaron, hasta la última multa de tráfico.
- Si, suprímela, obviamente ya no es necesaria.
- ¿La inspección de Hacienda también?
- Mira, esa mejor que no, alguien que te examina y que te obliga a comprar su libro de texto como temario, es sospechoso de todo, hasta del pecado original.
- Como usted mande y le reitero mi enhorabuena.
