Mientras, su desabrigada corteza recogía los plácidos adioses de los fallecidos hasta el amanecer, cuando volvía a brotar.
Revista Talentos
Cada noche, el aliento de las almas viajaba sobre las hojas que el viejo roble del cementerio entregaba al viento, sembrando de reencuentros la oscuridad aferrada hasta reverdecer los páramos del desconsuelo.
Mientras, su desabrigada corteza recogía los plácidos adioses de los fallecidos hasta el amanecer, cuando volvía a brotar.
Mientras, su desabrigada corteza recogía los plácidos adioses de los fallecidos hasta el amanecer, cuando volvía a brotar.
