Ya dijeron hace tiempo los romanos que la mujer del César,no sólo tiene que serlo sino que además, tiene que parecerlo.En este caso, comparto completamente la opinión heredada através de los siglos. Pienso que cuando alguien ostenta un cargo público, seael que sea, no sólo se debe a la gente que le permite estar ahí siendo honradoy coherente; es que debe cuidar que lo que podemos apreciar de él, secorresponda con lo que vende a los que le pagan el sueldo. Al fin y al cabo,por mucho que intentemos que no nos condicione, la imagen que proyectamos a losdemás es la primera evidencia, muchas veces la única que tiene el de enfrente,de lo que somos o de lo que hacemos.España está siendo estos días juzgada en un tamiz muy fino enEuropa; los altos jerifaltes de la economía mundial miran bajo la lupa de laprima de riesgo y otros conceptos indescifrables para mí, cómo respira el país;y aquí, debajo de todo el montón de recortes y reformas esclavizantes, lospobres andamos a la gresca con nuestras conciencias, autoconvenciéndonos de quelos pasos atrás son necesarios para que el entarimado siga en pie y podamosdejarle futuro a los hijos.Y viene su majestad, precisamente en estos momentos, yprotagoniza un suceso tan surrealista y tan inadecuado para la situación actual,como es irse a cazar elefantes a África.Que al monarca le importa un bledo por lo que esté pasandoEspaña, eso ha quedado claro. Aquel discurso que le escribieron donde el hombrenos contaba que no puede dormir a causa del desempleo juvenil se le ha debidoolvidar, tal vez por la edad que tiene o a lo mejor por ese puntito que a lolargo de la historia han demostrado heredar los Borbones. Pero lo que a mí másme preocupa y me gustaría saber es como es posible que ese viaje secreto que atodos nos cuesta una “milloná” (de euros claro), fuera visado y aprobado por elgobierno que nos gobierna, ya que es evidente que el gasto que un viaje de esascaracterísticas supone en transporte, escoltas, dietas a militares y miembrosde otros cuerpos de seguridad que lo acompañan, etcétera, etcétera (tan grandesson los etcéteras que merecen escribirse enteros), tiene que quedar registradoen alguna parte de la contabilidad del Estado Español.No vayan ahora a contarme el cuento de siempre y pretenda alguien tomarme por tonta. No vayan ahora a decirme que el presidente no losabía, o mejor aun, que es necesariotener una relación “afectiva” con el gobierno de Botswana (Botsuana en español)porque mantenemos con ellos unas relaciones comerciales super mega importantes conlas que nos jugamos una baza primordial para el futuro.¿A nadie, a ninguno de nuestros figuras se les ocurriópensar en la imagen que la España del sacrificio y del esfuerzo por bajar eldéficit va a darle al mundo con el rey de safari? ¿A nadie se le ocurre que laidea de una persona matando animales en África en pleno siglo XXI es anacrónicay denigrante? Desde luego este país está para coger la maleta.Yo, a nivel personal, creo que con esta acción el Rey hadejado de tener para mí ese carácter afable y cercano con el que los españolesjustificábamos siempre el gasto añadido que supone la monarquía. Ha muerto, enmi conciencia, aquella idea romántica de que le debemos que estuviera a laaltura el día del golpe de Estado. Al fin y al cabo, creo que lo único que hizofue cumplir con el trabajo por el que se le paga, y muy bien por cierto. No hago más que pensar en algo que no puedo quitarme de lacabeza: ¿Qué sensación se te queda en el cuerpo después de saber que has matadoa un animal tan noble? ¿Cómo es capazese hombre, con la historia personal que acarrea, de empuñar un arma?Tengo los pelos de punta.
