Revista Diario

Sacando la prisa de tu vida

Publicado el 28 noviembre 2012 por Alxndro @al_x_ndro

Ayer por la noche pensaba en las cosas que tengo por hacer y en el tiempo que tengo para hacerlas. De pronto vi cómo me sentía presionado, apresurado y ansioso. Es usual que sienta esta presión, pensé.

Ése es un problema: doy por sentado que he de estar ansioso, estresado, sintiendo que el tiempo apenas me alcanza; considero que no hay otra forma de estar o, al menos, pienso que es normal. Y no creo ser el único en esa situación.

En verdad me pregunté: ¿Por qué siento que tengo prisa? ¿Qué hay en mi cabeza que me hace llegar a esa sensación? ¿Qué me ha hecho este impaciente mundo de los humanos?

Siento que llevo prisa porque siento que no hay suficiente. No existe suficiente tiempo, suficiente trabajo, suficientes oportunidades; no doy suficiente esfuerzo, suficiente atención; no tengo toda la vida para hacer esto. Debo aprovechar todo momento, cada segundo, cada oportunidad. Quiero definir ahora lo que se define en su debido momento. No es suficiente ahora, no soy suficiente yo.

Detrás de la prisa, el estrés, la ansiedad, está el miedo que tenemos a no ser y tener suficiente; a un futuro que, desde aquí, parece amenazar nuestra felicidad y bienestar. Pero igual los perdemos ahora al preocuparnos de más por lo que no podemos saber y no podemos controlar.

Es cierto que hay que tomar las oportunidades cuando aparecen y que el trabajo que hacemos hoy nos dará determinados resultados mañana. Pero esta prisa que sentimos viene más bien de una mentalidad de escasez, de creer que faltan oportunidades y recursos. Y, en ese mismo sentido, viene de que estamos compitiendo con el resto (sean quienes sean) y con las circunstancias.

Pensamos de una u otra manera: No hay suficiente para todos. No habrá suficiente para mí, ¿de dónde obtengo más? ¿Soy suficientemente __________ para obtenerlo?

Y así nos enfocamos a las circunstancias externas, creamos ideas a partir de lo que alcanzamos a percibir desde la apariencia de las cosas. Es decir, no sabemos y, además, tenemos la vanidad de preocuparnos por cosas que van más allá de lo que nuestras capacidades nos permiten suponer.

Aunque pudiéramos tomar todas las oportunidades que nos parecen deseables, descubriríamos que todas son diferentes de lo esperábamos y suponíamos.

Y podemos, incluso, crear nosotros mismos las circunstancias apropiadas para que lo que deseamos venga a este mundo.

Y, entonces, ¿por qué nos preocupamos, por qué tenemos prisa?

Simplemente porque confundimos, reemplazamos, lo que hay en nuestras cabezas con lo que en verdad sucede. Vivimos una ilusión y fantasía donde el fracaso es inminente. ¿Lo ves?

En vez de eso, ¿qué pasaría si escoges creer que hay suficiente para todos, que tú eres suficiente y puedes crear lo que necesitas en esta vida en cualquier momento, desde cualquier punto de partida, en el tiempo que sea naturalmente necesario?

En un escenario así no hay más prisa, tu poder está de vuelta contigo. Tu vida es completamente tuya y no de las circunstancias.

La prisa sólo existe en la competencia y la escasez.

Entonces, dime, ¿con quién estás compitiendo? ¿De qué piensas que no hay suficiente?


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