Revista Talentos
"Nunca pongas en marcha el tren del olvido", susurraba. ¿Qué iba a ser de nuestros gestos cómplices? ¿Del cúmulo de frases robadas al ingenio? ¿En qué carcomidos raíles, patéticos hangares, terminarían los besos sin usura que, confundiéndose la autoría, quisimos regalarnos estación tras estación? Mientras gemíamos, rodaban todas las ruedas.
