La mayoría de las veces contamos nuestras historias personales como si fueran simples anécdotas. Y es ahí donde se encuentra la raíz del obstáculo que bloquea tu camino hacia el éxito.
Piensa, por ejemplo, en aquella ocasión en que resolviste un problema cuando todos los demás se habían rendido; o bien el día en que un cliente te dijo: «Gracias, por fin alguien me escuchó»; o tal vez fue ese proyecto que no salió como esperabas y te obligó a empezar de nuevo, a reinventarte; o recuerda aquella entrevista en la que finalmente no te contrataron, pero descubriste que estabas intentando encajar en un lugar que nunca habría valorado quién eres y lo que vales realmente. ¿Te resuena?
Se fomenta la falsa creencia de que una vida profesional debe hablar de éxitos, logros y eventos extraordinarios. Yo pienso exactamente lo contrario. Las historias que generan confianza, inspiración y propósito son precisamente las que empezaron con un desafío, una duda, un error, un miedo o una decisión difícil.
Cuando atravesamos estas circunstancias que nos demandan fortaleza y flexibilidad, paciencia y compasión hacia nosotra(o)s misma(o)s en cuanto aparece lo que realmente importante:
Tu pensamiento crítico
Tu capacidad resolutiva
Tu liderazgo innato
Tu habilidad para reaprender
Cómo tratas a los demás
Toda esta valiosa experiencia también comunica, por ende, tus historias personales no son una simple anécdota, son oro molido para tu trayectoria profesional. No eres una anécdota, eres un ser valioso cuya vida y ejemplo cumplen más de un propósito en esta escuela llamada vida. Tu luz impacta.
Como escritora estratégica, disfruto ayudar a las personas a descubrir que su mayor valor no radica en un cargo ni se refleja en un bonito diploma. Está en esas vivencias que, a menudo, llamas «historias sin importancia» o incluso «historias que quisiera olvidar».
Estamos tejidos de historias. Todas, sin excepción, hablan de nuestro valor y de nuestra capacidad para gestionar, sortear y aceptar las situaciones buenas y complicadas de la vida. Aprender a contarlas con honestidad, propósito y emoción es honrar gran parte de lo que somos. Amar la vida y amarnos a nosotras y nosotros mismos.
Las mejores historias no buscan impresionar; el verdadero sentido de nuestra narrativa es que alguien se reconozca en ella sin miedo, sin culpa y sin vergüenza.
Abraza tu humanidad y compártela.
¿Cuál es esa “anécdota” que hoy reconoces como tu historia más valiosa?
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