Me insiste mi amiga Esileviana que ponga algún otro retazo de la vida de mi tía y viniendo de ella, tengo el agrado de complacerla, si el anterior fue una anécdota jocosa, este supone un mal trago, casi el peor, para una mujer enamorada y con solo veinticuatro años. Nunca supe el porqué de mi padrinazgo por parte de mi tío Tirso a quien obviamente nunca conocí, transcribiendo sus memorias es cuando conozco y estimo en lo que vale tal hecho.Transcribiendo las citadas memorias, me doy cuenta de que mi tía en vez de saber solo las cuatro reglas, hubiera podido acceder a una educación mucho más completa, de haberlo querido hubiera sido una buena escritora, de haber nacido en otra época y otra circunstancia, quizás hasta hubiera sido una excelente bloguera. ¿Quién sabe? Lo que está claro es que cuando iba escribiendo el relato desgarrado de su desdicha, no tuve por menos, que de vez en cuando enjugar un asomo de lágrima.

Fotografía de mi bautismo, mi tío Tirso es el de la izquierda, quien me sostiene es mi abuela Matilde, recientemente fallecida y en el centro sujetando a mi primo, mi querida tía Luci
