La penúltima de mis aventuras es hacer de “negro” escribiendo las memorias de mi tía Luci. ¿Cómo llegué a esto? Fue una conjunción de inquietudes. La mía por conocer la vida de mi abuelo y las vicisitudes que le llevaron de su Torrelaguna natal, hasta un pueblecillo atrasado varios siglos y desolado por la guerra llamado Alameda del Valle. La otra inquietud fue la de mi tía por ver plasmada su vida en papel, mi “fama” de aprendiz de escritor llegó a sus oídos y el resto es un trabajo emocionante, en un cuaderno de tapas de hule, mi tía ha grabado de negro (coincidimos en el gusto del color del bolígrafo) ochenta años de amor, dolor, sentimientos y hasta donde he leído, hambre un hambre que desgarra. Una España que comía cáscaras de patatas asadas en la lumbre, madera robada asimismo pues ni eso tenía y una España que bebe de sus raíces, pícara, que no olvida a Guzmán de Alfarache o al Lazarillo de Tormes. Este es una de las decenas de anécdotas de mi tía, triste y alegre a la vez, mi homenaje será ver un día el libro impreso como ella desea.
