Revista Talentos

Ya me acuerdo de todo

Publicado el 03 enero 2012 por Beatrizbeneitez
Ya me acuerdo de todoBeatriz Benéitez Burgada. SantanderMis abuelas se marcharon con poco tiempo de diferencia, pero de forma muy distinta. La paterna, Ángela, comió con nosotros el 1 de enero de hace dos años. La comida fue en mi casa, las peques apenas tenían cuatro meses y recuerdo que las tuvo en brazos. Todo transcurrió con normalidad. Al día siguiente la llevaron a urgencias porque no se encontraba bien. La fui a ver. Y al siguiente decidió dejarnos, con 91 años y sin dolor, diría que placidamente. Hoy hace tres años de eso. La muerte de un ser querido siempre duele pero, aunque despedí a la abuela con tristeza, he podido recordar los momentos buenos que pasé con ella, especialmente durante mi infancia. A la materna, María Asunción, le costó muchísimo irse. Porque se resistía, porque no quería dejarnos. Fue largo y muy duro. Meses y meses de visitas diarias a su casa, en las que compartimos con ella muchos momentos. Cuando se marchó, se me plantearon dos cosas: un debate y un problema.
El debate era interno: por una parte, sentía tranquilidad porque ella había dejado de sufrir; por otra me dolía pensar que se había ido. La echaba mucho de menos. El problema lo tuve durante mucho tiempo y fue el siguiente: Como su enfermedad fue tan larga, no conseguía recordar momentos buenos. Siempre que pensaba en ella la veía sufriendo -eso sí, pacientemente, era muy buena enferma-. Por más que lo intentaba, no lograba que vinieran a mi mente escenas amables o divertidas. Pasó mucho tiempo, pero finalmente lo logré. La abuela era divertida, lista, irónica, inquieta, curiosa, caprichosa, testaruda, elegante, presumida, defensora de cuidar las formas, criticona a veces, exigente y sobre todo muy familiar. Su logro, como el del abuelo, fue mantener a todos unidos. Y os aseguro que somos muchos y muy dispares. Pero seguimos juntos, porque aprendimos muy bien lo que ellos nos enseñaron con su ejemplo: que la familia es muy importante, y que siempre debe mantenerse unida. Ya me acuerdo de todoVolviendo a su marcha, cuando por fin pude recordar y soñar con momentos buenos, respiré tranquila. Como cuando yo era pequeña y ella estaba mala. Yo estaba en su casa, y ella en la cama, y no sabía qué hacer para entretenerme. Así que creó una historia: ¨estamos en la playa, nena. Saca la toalla y la sillita de la playa, vamos a tomar el sol¨. Y yo, muy seria, con mis cuatro años, me puse en mi papel, me tumbé en la toalla extendida en la alfombra de su cuarto, la miré y la dije: ¨abuela, si pasa el patatero, me avisas¨. Un día os contaré lo del taxi. Es buenísimo. Y os hablaré del ¨agridulce¨ y de los huevos al plato, y de lo bien que cocinaba. Y de los campamentos que montábamos en la playa. Y de cuando íbamos a Potes. Y de cuando me quería casar con su médico. Y de cuando descubrí que se teñía el pelo. Y de cuando nos enseñaba sus notas del colegio. Ahora ya puedo contaros lo que quiera sobre ella. Porque me acuerdo de todo.

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