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El Escapista... Primera Parte

Publicado el 27 marzo 2012 por Rubydelfino
¡Cuánto jaleo estos días! Perdóname, prometo actualizar más a menudo, que algo me dice que finalmente podré. Se llama organización, algo que en las últimas semanas ha faltado un poquito. Pero es que hoy le he visto de lejos y me ha dado un vuelco el corazón. Por poco me cargo a la vieja de enfrente, bastón incluido. He tenido que agarrarme a una Gladys que vendía pepinos de forma clandestina en la salida del Mercadona para evitar cruzar la calle corriendo y meterle semejantes hortalizas por las orejas. Sí, querido. Hoy he divisado al que mis desgraciados amigos y yo conocemos como... El Escapista. Tacháaaaan!!

El Escapista... Primera Parte

Debería empezar a clavarte los afileres, muñequito

Bueno, en realidad se llama Arnold. Tiene nombre de retarded, lo sé... no sé cómo no me pispé en su momento. Su cara también aporta argumento a esta teoría. Es una mezcla exótica entre un koala, Leire Pajín y la niña siniestra de American Horror Story (no quería decir abiertamente la "Down", por aquello de no herir sensibilidades. Mierda, acabo de hacerlo. Bueno, es el rencor, no pasa nada).
Conocí a este hijo de la gran puta espectro en mi penúltimo año de carrera y le dábamos al arte del fornicio de forma habitual y ardiente. Yo le llamaba ciruelo, porque su glande, creedme, era merecedor de semejante analogía. Eso no era una "punta", era un puntazo. Eso sí, lo que viene siendo el tronco del miembro venía a ser una puta mierda birria. Pene sabrosón al gusto, irrisorio al pensamiento. No he conocido miembro parecido. Pero bueno, nos hicimos muy amigos y empezamos una relación de vernos a menudo, pero sin etiquetas. A mí él me gustaba mucho. Yo entiendo "gustar mucho" cuando la última cosa en la que piensas antes de dormir es él, y la primera al levantarte también es él. Eso me pasaba a mí. Luego recordaba su polla-fruta y me deschochaba. Qué disloque. 
Bueno, le dieron una beca para estudiar su último año de carrera en Estados Unidos y a mí me llenó una gran tristeza. Esa fue su primera escapada. Estuvimos como dos años sin apenas hablar. Luego volvió, y hablábamos de vez en cuando porque, casualidades de la vida, se mudó cerca de mi nueva casa, pero nunca llegamos a quedar para vernos. Yo de aquella estaba trastornado con Putette o SEE (ese Ser, Ente, Ectoplasma), y llevaba una vida digna de cualquier Raquel Mosquera a.k.a. López Ibor que se preciara. Así que no tenía ganas de verle ni de follármelo sumergir mi excavadora en su túnel. 
Pero el destino nos volvió a juntar el año pasado. Desde la última vez que nos habíamos visto, mi cuerpo había sufrido cambios. Estaba más atractivo (si me conoces, sabes que es cierto). Quedamos para tomarnos una cerveza en mi casa y un par de horas después, me dijo que se iba, que estaba cansado. Bueno, ¡¡¡Momentazo!!! Él sentado en el borde de la cama, de espaldas a mí. Yo, avanzando a cuatro patas por la cama, cual Faunia, pensando "una puta mierda te vas a ir tú sin darme un beso, canalla". Le cogí por banda y ZAS, besazo en los morros.
Este momento animal-zorrupia nos motivó a seguir viéndonos. Nos veíamos unas dos veces por semana. Le gustaba quedarse a dormir. Eso sí, de follar nada. Me decía que llevaba una época bastante estresado y asexual. Pues nada, yo me abrazaba a él para dormir y santas pascuas. Con aquello duro como una piedra, pero mira, al menos tenía su cariño. LOS COJONES.

El Escapista... Primera Parte

Nacho Polo, Nacho Polo... ¿Por qué me has abandonado?

Llegó la semana de su cumpleaños. Le caía en sábado, pero habíamos quedado el viernes en mi casa. Ese día falté al Máster (oh, qué drama) para comprarle un regalo (una camisa y una corbata super chula, de tejido imitando al denim) y comida para preparar una cena. Llego a mi casa loco de contento. Le envuelvo los regalos. Empiezo a sacar las cosas para hacer la cena. Meto el vino en la nevera. Eran las 21.00h, seguro que estaba ya en camino. Llegan las 22.00h y ni rastro de Arnold. Dudando entre si lanzar bengalas por la ventana o llamarle a gritos cual choni, me decanto por enviarle un sms. Sin respuesta. Las 23.00h, ni rastro de Arnold. Decido ir abriendo el vino blanco. Las 23.30h, ni rastro de Arnold. Yo, copa en mano, mirando triste por la ventana y la Caja de Raquel Bollo de fondo, en la TV. ¡¡Se puede ser más lamentable!! ¡Me sentía como Carolina de Mónaco en la boda de Letizia y Felipe sin Eristoff de Hannover! Las 00.00h. Le envío un mensaje felicitándole el cumpleaños. La copa de vino en la mesilla de noche. Los regalos sobre la cama. Raquel Bollo sigue llorando en la puta Caja. Yo me duermo. Ni rastro de Arnold.

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