Recuerdo que una vez comencé a escribir en libretas de bolsillos de forma constante, aunque no es menos cierto que en mi “niñez” ya lo había hecho. En principio, la dificultad de encontrar una que fuera cómoda, que me invitara a escribir, a plasmar lo que fuera. Compré infinidad de libretas que fui acumulando y cada vez que debía comenzar una compraba otra en vez de usar la que tenía.
La indecisión de elegir cual usar me mata. Me gustan todas. Así llegue a mi sistema: tres libretas en simultaneo, en realidad cuatro: una agenda pocket 16 x 9, horizontal, semanal. Tengo una cubierta desde hace tiempo con la que forro a cada principio de año la nueva. Desde el año 2025, en realidad fines de 2024, tengo una agenda (año 2025) Moleskine de bolsillo que no la uso como planificador, sino que anoto solo la frase del día, una tras otra. La principal es hoy, por segunda vez consecutiva, una Brügge en la que ahí si anoto y pego lo que sea. Desde dibujos de mis hijos hasta planes de negocio, pensamientos, etc, etc. En ninguna de estas tres escribo historias. No puedo. Por último, una cuarta, que no tengo tan presente y que tiene su origen en el subte. Una de dibujo, una pequeña libreta que esta pensada solo para dibujar. Junto a ella en una cajita de Altoids llevo unos lápices de colores. Tiene muy poco uso.
Un día en mi trabajo me toco reunirme con un Coach y le dije “si pudiera poner en practica todo lo que dice mi libreta triunfaría” y lo creo, lástima que nunca acciono.
Obviamente como siempre que me meto en algo investigue un poco sobre el Journaling que es la práctica de escribir regularmente pensamientos, emociones y metas, o lo que sea, en un soporte físico con distintas finalidades. Recuerdo el diario intimo de mi hermana cuando éramos pequeños. Profundizar en el autoconocimiento, reducir la presión, organizar ideas, desorganizar ideas, muchas son las finalidades que puede tener esta práctica.
Así, hoy tengo cerca de 10 libretas escritas con cosas que muy pocas veces repaso. Puedo asegurar que hay sueños incumplidos, metas no alcanzadas, un listado de fracasos que me asusta y lejos de sacarme esa presión que busco liberar me estresa pensar todo lo que hay en el papel y no en la realidad.
En algún momento de mi vida tenia la idea de que si escribía algo en el papel no se materializaba en la realidad contrario a lo que muchos “Gurúes” dicen por las redes por lo que si realmente quería que se cumpla no lo escribía ni loco. Claro que no puede ser cierto, nada puede estar menos asociado a una suerte de patrón que indique que al escribir, al materializar, en papel una idea, esta no pueda conseguirse realmente aunque, al escribir esto, me viene a la mente el recuerdo de mi entrenador -Juan- que unos días antes de un torneo importante me dijo “en el entrenamiento previo a la competencia, por favor, no hagas saltos por encima o cercanos a tu marca, guárdate eso para el día de la competencia” aunque logré el podio recuerdo no haberle hecho caso y en los días previos me exigi por encima de mi marca, eso le resto sorpresa, novedad, a mi participación… no lo sabré nunca. El reto me lo lleve igual.
En fin, el journalig, mis diarios, mis libretas, son una buena herramienta que como toda herramienta tienen un uso específico. El problema no esta en ellas, el inconveniente esta en tener un taller bien montado, plagado de la mas alta tecnología, tener además los insumos necesarios, tener los planos, en conclusión, tener absolutamente todo, pero jamás sentarme a armar y ejecutar lo que está perfectamente diseñado.
