Revista Diario

Turdipio. Hospital Brutal (parte 2)

Publicado el 26 octubre 2010 por Bloggermam
Turdipio. Hospital Brutal (parte 2)Viene de aquíPara amenizar las horas de espera de vez en cuando salía un señor con pijama de enfermero y decía nombres al azar, para que pareciera que llamaban enferos, pero nadie se levantaba de la silla para acudir a la llamada. “Arturo NoTengoUnDuro, JosefiNa Barra, Pepín Mariscal”...Ahí es cuando me di cuenta de nuestra terrible situación: no iba a conseguir ver el final de Sálvame. Uno de los ancianos que estaba sentado a mi lado me dijo, "yo entré de chaval aquí con Pepín Mariscal, cuando todavía era sargento...", se rió, le dio la tos, empezó a pitar una cosa que tenía enroscada al pecho y de repente aparecieron varios en pijama que para castigarle por meter tanto ruido, le quitaron la botella. Se lo llevaron a una sala de masajes en la que estuvo dando saltos eléctricos durante un rato hasta que los del pijama se fueron a cenar y dejaron un agradable olor a carne a la brasa. Se conoce que el olorcillo les abrió el apetito. A mi también, pero no encontré un buffet por ningún sitio.
El de los nombres volvía a aparecer de vez en cuando y como veía que la gente le mirábamos se creció y recitó la alineación de la selección Serbia de baloncesto. Para mi asombro una persona salió de entre la muchedumbre de sillas y se arrastró hasta el de los nombres-Yo soy Meliko PontovratinovizovicSe hizo el silencio en la enorme sala, nadie podía imaginar que alguien fuera capaz de repetir ese trabalenguas más de tres veces sin convertirse en locutor de la ETB. El enfermero le miró serio y dudando dijo: -¿El ala-pivot de la selección Serbia? ¿El bicampeón olímpico?-No, su nieto, heredé los problemas de corazón de mi abuelo y la estatura de un enano de jardín – explicó con resignación y una chipa de ilusión en sus ojos.-¡Pero si mides metro cincuenta y dos! -le ignoró y continuó con sus nombres al tuntún- Kunta Kinte a rayos X
Después de dormir unas horas me despertó un pitido intenso. Me levanté a quejarme al que decía nombres al azar.-¡¿No pueden parar ese insoportable ruido?!-Lo intentamos - me respondió- pero el maldito bastardo no termina de morirse nunca, lleva siete paradas cardíacas desde esta mañana. A mi ya me ha fastidiado la porra así que como si se recupera y se presenta a las elecciones.
En mitad del ruidoso estrépito pude ver como había dos mujeres que se abalanzaron sobre una tercera que venía de la zona en la que los médicos se escondían de todos nosotros. Se las veía visiblemente emocionadas. Pude darme cuenta de que era la madre y la hermana de una paciente. Entre sus sollozos escuché la conversación:-¿Lo has conseguido? - la madre, lo preguntó incrédula-Sí, mamá...por fin.-Y sólo en siete años -dijo, con los ojos empañados en lágrimas- Eres fantástica Minipili.-Gracias, todavía no me creo que haya podido sacarme la carrera de medicina en urgencias y hacerme yo misma el transplante de riñón...-Venga ahora vamos al banco a pedir un préstamo para tu funeral, que estamos en racha
A mí me parecía un detalle muy humano que llamaran a la gente por los nombres, parecía que era lo único que daba cierta calidez en aquel lugar despiadado, pero para mi asombro después de un par de horas apareció un joven con pijama de médico y cara de paciente que empezó a decir números:-77 siete siete, 15 la niña bonita, 22 los dos patitos, 90 el abuelo, el seis...-¡¡Línea!!- se oyó desde el fondo, en el que una anciana agitaba un cartón con números.El médico se acercó y dijo-La línea es correcta, acompáñame que le vamos a hacer una lavativa.-Pero yo tengo lupus.-Calle, calle, va a saber usted más que las bolas del bingo...desde luego… cuanto mal ha hecho House a la medicina. Donde esté la interpretación de vísceras de cordero que se quiten todas esas zarandajas diagnósticas.
Yo presencié estupefacto la escena. Era inconcebible que esa mujer hubiera cantado línea para que le atendieran. Era un insulto, era un ultraje, era el nueve lo que había salido y no el seis. Que falta de profesionalidad.
El señor de detrás de mi suspiró desanimado mientras miraba con envidia a la anciana que se iba forcejeando con el médico "sólo me falta el 27 para bingo"-¿Y eso es mejor que la línea? - pregunté intrigadísimo.-Ya lo creo, joven. Si haces bingo puedes agarrar la pistola que hay debajo del asiento y disparar al médico para que te atienda.
Me quedé atónito. Llevaba horas sentado encima de una pistola ignorando como se retorcía de dolor mi amigo eeeeh, cuando podría haber robado a punta de pistola todas las botellas de solución salina de la sala. O mejor aún podría haber robado el fonendoscopio a algún médico novato para suplantarle y poder atender a mi amigo. O podría ponerme de pie despacito con la pistola empuñada por mi amigo eeeeh y apoyada en mi sien…-Que me atienda ahora mismo un médico o le vuelo la cabeza – dijo eeeeh, mientras yo sonreía porque mi amigo eeeeh es muy bromista y no sería capaz de pegarme un tiro, casi seguro que no.
La gente le miró durante tres segundos y no reaccionó nadie. Volvieron a sus actividades: dormir, quejarse, yoga, lo normal.-Es un chimpancé -gritó, ganándose la atención de la sala-. Voy a poner todo este antro perdido de sesos de chimpancé si no me atiende inmediatamente un médico. 
De repente aparecieron tres médicos que le suplicaron.-No, no lo haga, no le mate. Las limpiadoras se han ido a casa y el seguro del hospital no cubre la muerte de chimpancés...suéltelo, le atenderemos enseguida.
Mi amigo eeeeh el cabrón de eeeeh me soltó a regañadientes, refunfuñando porque ni tan siquiera la habían dejado pegar un tiro al que decía nombres al azar.
Nos llevaron rápidamente a los dos hacia dentro de ese lugar mágico en el que habitan los médicos. Y la gente lo agradeció gritando el nombre de mi amigo: ¡¡¡Eeeeh!!!
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