Revista Diario

Otra vez el mar

Publicado el 15 mayo 2026 por Kanguro19
Otra vez el mar

En mis auriculares suena “Alfonsina y el mar”, el subte abarrotado, pero ya era demasiado tarde para seguir demorando mi partida de esta estación. La promesa que me he hecho de no viajar aplastado esta vez no puedo cumplirla. “Cinco sirenitas te llevaran”… y como en muchas oportunidades la nostalgia me invade, el recuerdo de la blanca arena, de la espuma marina entre los dedos de mis pies. Esa hermosa y fría costa, el inmenso mar y suaves olas. Alguna que otra gaviota al ras.

El cielo oscuro, estrellado y una luna blanca en el horizonte. El recuerdo de solitarias caminatas descalzo y la caricia perdida. La brisa tibia de verano. El frenar, el mirar perdida y profundamente, sentarme de espaldas a la gran ciudad que no se detiene.

Unos jóvenes que juegan al futbol contra una escollera y una pareja que se hace eternas promesas de amor completan un paisaje que mi mente no borra. El buscar en esa inmensidad el propósito de una vida finita y minúscula me obliga a replanteos que aún no se resuelven.

El universo infinito me lleva constantemente hacia un pasado de contemplación tan hermoso, tan preocupado como despreocupado. Me da tristeza el solo hecho de sentir tanta nostalgia, es decir una tristeza elevada a la tristeza. Aunque, entiendo que la nostalgia es un tipo de tristeza distinta, porque es una tristeza que remonta a situaciones que, en principio, uno quiere recordar y lo hace sentir feliz. Es decir, ese viaje al pasado, ese viaje nostálgico, me permite pararme -estando en el presente-  en un tiempo lejano y “resentir” lo que una vez sentí, revivir, seria, hoy lo que viví ayer.

Me invade esa feliz sensación pasada en un presente triste por no vivir hoy aquella felicidad. “Por la blanda arena que lame el mar”… y una suave brisa me acaricia mientras hacinado en este subte no entra una gota de aire. No sé de dónde viene esa brisa que me transmite una paz que me abraza.

Y hoy la nostalgia me lleva como flotando, me siento volar como un fantasma solitario, que entre el pasado y el presente va, …, va nostálgico. Triste. Y casi llegando a destino, mis ojos vidriosos se llenan y un lagrima que se escapa y me recorre me da lo ultimo que me faltaba para estar en aquella playa, aquella noche estrellada, es sabor a sal del aire costero.


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